"Publicar es más difícil que escribir"
JUAN IGNACIO VILLARIAS
Con el marco incomparable de la terraza del Hotel Real, nos reunimos con Juan Ignacio Villarias. Un santoñés con alma de escritor que, por fin, después de casi tres décadas, publica: "Columna de mármol rojo". Esta primera novela trata de la guerra civil en el frente norte, de la vida en retaguardia en las dos zonas, de los combates en el frente...
C.L. - ¿Cambió la política por la literatura?
J.V - Una cosa no excluye la otra, puedo ser concejal o montar andamios y ser escritor. Además, esta novela la escribí mucho antes de ser concejal. Es decir, a mí me propusieron ir en la lista y acepté. Y luego resulta que, por carambola, salí concejal. Yo iba en el número cinco y salió sólo elegido uno, que había sido consejero de cultura con Ormaechea y lo habían inhabilitado a él y a Ormaechea por el “asunto de las cachabas”. Y, a consecuencia de eso, lo inhabilitaron y ya no pudo ser concejal. El segundo y el tercero renunciaron y pasó el cuarto. Al año, más o menos, dimitió y pasé yo.
C.L. – Es la primera novela que publica, ¿pero no la primera que escribe?
J. V. – Esta obra la empecé hace casi treinta años. Cronológicamente no es la primera, ya tenía otra. Ésta debe ser la segunda, aunque también, a veces, coincide que escribo simultáneamente una y otra. Y, entonces, esta lleva casi treinta años en el cajón, porque nadie la quiso.
C.L. - Entonces, ¿los problemas surgieron al querer publicar?
J.V. - Escribir es más fácil que publicar. Escribir escribe todo el mundo, mal o bien, otra cosa es escribir algo que valga la pena. Pero escribir cualquiera y, de hecho, todos los días en las editoriales se presentan cientos de originales para su consideración y rechazo, generalmente. Lo difícil es publicar y aún más difícil es vender. Porque claro, si publicas pero no vendes no has hecho nada. El fin último del libro es que llegue al consumidor, al cliente, al comprador, al lector. Y si no llega por mucho que hayas publicado tampoco has hecho nada, el autor no va a perder nada, pero el editor arriesga su dinero y si no vende, pierde su dinero. El escritor habrá fracasado lamentablemente, pese a la oportunidad que haya tenido de publicar y salir al mercado. Lo que pasa es que en las librerías entran cientos de títulos cada día. Las librerías tienen que renovar cada cierto tiempo, devolver todo lo que no se ha vendido, y adquirir nuevos libros que devolverán, también a su vez, la mayoría de ellos, al cabo de unos días. El librero no compra para luego vender como otros comerciantes.
C.L. – Hay muchos libros que hablan de la Guerra Civil, ¿qué diferencia al suyo del resto?
J.V. - Sobre la Guerra Civil igual hay cientos, miles de libros. Pero espero que este aporte o llegue a donde los otros no han podido llegar. He leído historias y novelas desde un bando y desde el otro. Porque hasta ahora las novelas sobre la Guerra Civil estaban escritas desde el punto de vista de uno u otro bando. Por ejemplo desde el bando republicano o rojo los más importantes serían Ramón J. Sender o Max Aub. Desde el punto de vista de los nacionales serían Rafael García Serrano y Agustín de Foxá. Yo los he leído y la verdad es que no me han gustado mucho. No porque sean parciales, sino porque el novelista igual que el historiador yo opino que no debe tomar partido o debe tratar de no tomar partido. Después de la guerra se publicaron muchos libros escritos por escritores del bando vencedor, como es natural. Pero con el tiempo, sobre todo después del ’75, se invirtió la tendencia. Y casi todas, por no decir todas, las novelas de la Guerra Civil se escriben desde el punto de vista de los vencidos. He pretendido, no sé si he logrado, escribir no desde un punto de vista ni de otro ni siquiera desde un punto de vista equidistante y ecléctico, sino que he tratado de ponerme por encima de ellos. No sé lo que habré conseguido, si lo lee uno que es partidario de una de las dos banderías igual cree que me arrimo hacia al otro y viceversa. Un decidido partidario de uno de los dos bandos de guerra seguro que me acusa de inclinarme hacia el otro porque ellos tampoco lo miran con imparcialidad.
C.L. – ¿No cree que es prácticamente imposible ser neutral en una guerra?
J.V. - Ser imparcial es casi imposible, como decía Goethe:” puedo prometer ser sincero pero no imparcial”. De una manera o de otra, a uno se le tiene que notar necesariamente una inclinación inconsciente hacia uno u otro bando. Estoy seguro que unos u otros van a ver aquí si quiera una concesión hacia el otro. Harto de leer historias y novelas de la Guerra Civil me decidí a escribir una. No sé si tardé dos o tres años tardé y luego la tuve olvidada, la retomó. Y hace treinta años el uso de las tecnologías no estaba tan generalizado como ahora. El procedimiento era escribir a mano, porque eso que se ve en las películas del novelista escribiendo directamente en la máquina. El procedimiento era escribir a mano, corregir mucho y cuando creías que está listo pasar a máquina. Con estas nuevas tecnologías lo que hice fue pasarlo al ordenador y corregirlo de paso. De hecho cada vez que la releo corrijo algo más, hasta que llego un momento que digo no la releo más, para no volver a corregir más y así se quedó. Ahora mismo me pongo a leerlo y digo vaya pues aquí me ha faltado una palabra para comentar mejor este periodo.
C.L. – ¿De dónde surge la historia que narra en su novela, se basa en hechos reales?
J.V. - En Santoña había dos cuarteles, uno de infantería en el actual Patronato Militar Virgen de Puerto y otro de artillería, hoy desaparecido, yo de pequeño me acuerdo que había soldados. Y en el año 36 quedaba sólo un batallón, que son cuatro compañías. En los días previos al levantamiento, a los oficiales que estaban comprometidos con la sublevación, no les llegó el aviso de la capitanía de Burgos, les mandaron un telegrama que fue interceptado y no sabían qué hacer. Y, entre tanto, se pasó la ocasión. Y se formó una columna mixta, de ahí el título, formada a base de militares de reemplazo y voluntarios civiles, al principio de la guerra se formaron muchas en un bando y en otro. Y, al mando de un civil, con asesoramiento de un comandante de un batallón, que estaba por la república, los oficiales por la sublevación, salieron hacia el sur por la carretera de los Tornos, en el norte de Burgos, a enfrentarse con los enemigos, a cortar el paso a una columna de requetés que en realidad no existía, eran rumores, e inexplicablemente se detuvieron allí. Y se estableció el frente. Y así estuvo muy tranquilo hasta el invierno en que empezaron un ataque en toda la línea que fue un fracaso rotundo y luego en el mes de julio atacaron los nacionales y conquistaron toda la provincia. De ahí nacen o se inspiran los personajes, porque la novela está basada en una guerra real, pero los personajes no lo son. Aunque muchos de ellos se basan en otros que sí lo fueron.
C.L. – Sin embargo, su libro figura como novela histórica…
J.L.- La incluyen dentro de novela histórica, de esta manera vende más por así decirlo, pero en realidad yo digo que no es histórica. La novela histórica es la que se basa en personajes reales. El novelista histórico hace hablar a personajes reales y llega hasta donde le historiador no puede llegar por falta de datos y él suple con su imaginación la falta de datos y de detalles. Entonces el novelista histórico tiene que ser las dos cosas a un tiempo. La historia es ciencia y el novelista es arte.
C.L. – ¿Y el título entonces surge de esas columnas mixtas que se formaban en ambos frentes?
J.V. - Algunas de estas columnas que se formaron al principio en plan guerra romántica les ponían nombres así nombres muy vistosos, muy sonoros, columna de hierro, de acero y a esta en la ficción le titulé columna de mármol rojo, el mármol puede ser rojo, negro.
C.L. - ¿Hay algún personaje principal, que destaque dentro del conjunto de vidas que retrata?
J.V. - No hay un personaje central. Igual hay algunos más principales que otros, pero no hay un personaje central sobre el que gira la acción sino que son muchos y muy variados, la acción salta de uno a otro. Hay muchas anécdotas y habla de los fracasos y el derrumbamiento de la columna en el frente y las represiones en retaguardia, en Santoña, antes y después de la llegada de los nacionales.
C.L. - ¿Y usted se identifica con alguno de ellos?
J.V. - No, no yo paso por encima de todos ellos. Yo no sé que hubiera hecho si me hubiese tocado, aborrezco la guerra, la violencia. Supongo que no hubiera tenido más remedio que ir si hubiese tenido la edad. Y no sé que hubiese sido peor ir al frente o quedarse en la retaguardia. Muchos se iban al frente por no aguantar la presión de la retaguardia. Había muchas represarías, y en la novela se cuenta, por un bando y por otro. En Santoña mismo hubo muchos desaparecidos y asesinados. Y en Santander lo mismo, los tiraban por Cabo Mayor, los fusilaban en la Ermita de Jesús Monte… y eran inocentes que no habían hecho nada. Luego entraron los nacionales y al revés.
C.L. – Al final, todas las guerras parecen resumirse en buenos y malos, ¿ocurre lo mismo en la “Columna de Marmol Roja”?
J.V. - Una guerra no es una película, aquí no hay buenos ni malos. Y atrocidades hubo en los dos bandos. Los nacionales mataron a rojos sólo por ser rojos y viceversa. Los crímenes se los hubo en ambos bandos. Y no se puede mirar al pasado sólo con un ojo.
C.L.- ¿Cree usted que no hay tanta tradición de lectura como debería, que se está perdiendo el interés por la lectura?
J.V. – Yo creo que sí se lee, que sí hay lectores en España. Siempre se han quejado los escritores de que en España no se lee, todos los comerciantes se quejan de que venden poco. Y un escritor, al fin y al cabo, también es un vendedor, aunque no venda él directamente y siempre se quejará. Hay muchas librerías y en las Ferias del Libro la gente se hincha a comprar libros, cientos de personas todos los días recorriendo las casetas con las bolsas llenos de libros. No creo que se quejen con fundamento los que dicen que no se lee. Vizcaíno Casas, que era el que más vendía de España, decía: “el que se queja que no se lee en España que hable por él”. Habrá quien venda y quien no, independientemente de la calidad. He leído novelas que han vendido millones de ejemplares en el mundo y no me explico por qué han tenido tanto éxito. Y habrá excelentes novelas que no inexplicablemente no se venden. Yo una novela la juzgo por lo que pasa, lo que pasa es lo de menos, lo importante es cómo se cuenta. La novela es parte importante, pero es más importante cómo se dice que lo que se dice. Hay novelas que no tienen argumento y que son indigestas para el lector superficial. Yo he leído una novela de Azorín, “La voluntad”, que dicen que no hay quien la lea de lo indigesta que es. Y a mí me ha encantado y no pasa nada pero es por el estilo tan exquisito que tiene.
C.L. - ¿La clave está en una buena promoción?
J.V. – Tener un libro en el escaparate de una librería cuatro días cuesta mucho dinero, del orden de unos pocos miles de euros. Y esas librerías están continuamente renovando y sino han vendido otro distinto, y otro distinto… Entonces si quieres que lo tengan ahí y no te lo devuelvan tienes que pagar a la librería y no te digo nada si quieres que tengan un montón de ellos con un cartelón eso cuesta mucho, miles de euros. Estos que venden un millón de ejemplares en España, que los hay, se han tenido que gastar muchísimo dinero en promoción. No es decir yo escribo la mejor novela del año y ya está. Sino inviertes mucho dinero pasa desapercibida, porque ahora te vas metiendo en el terreno del mercado, no del arte. Y yo no soy comerciante, no artista.
C.L. - ¿Por qué la gente debe leer su novela?
J.V. - Creo que el que la lea no se aburrirá a pesar de sus quinientas páginas, la lectura se le haré leve, amena y no se aburrirá. Va dirigida a todos los públicos, no es para especialistas en temas históricos sino para cualquier clase de público. No hay nada que no quede bien explicado y no quede bien entendido.
C.L. – ¿Está pensando en preparar algún nuevo proyecto o rescatar alguna de sus novelas inéditas?
J.L. - Hay otras cuatro sin publicar, porque publicar es más difícil que escribir, como comentaba antes. Publicarlas dependerá de que algún editor se quiera arriesgar. La dificultad está en el renombre del autor, en la firma. Esa u otra cualquiera dice está bien, pero si el autor no es conocido. Lo difícil es hacerse un renombre. Yo comparo la república literaria con una plataforma llena de gente, de autores, y no entran ninguno más. Y si te quieres subir ahí tiene que ser a base de empujones y tirar al otro por el otro lado para ponerte tú. Y así están las cosas en todo, en el arte, en la música, etc. Una cosa es el arte y otra el mercado. El mercado de la literatura da en España da para cien escritores, por decir algo, y no da para más. Y si somos mil, novecientas se tendrán que quedar en la puerta.
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Comentarios(2):
Holaa, soy de Xalapa, Veracruz, México. Solo quisiera saber si Juan Ignacio Villarías tiene alguna relación con la Universidad Veracruzana, o tiene algún otro familiar con el mismo nombre que haya radicado aquí, en Xalapa. Quiero sabes esto por algunos libros que conozco eran de él.
No tengo nada que ver con Jalapa en particular ni con Méjico en general. Se trata de otros Villarías, desdendientes de los hermanos Gregorio y Leoncio Villarías, primos de mi abuelo, que huyeron a aquel país al acabar la guerra civil en España. ¿Cómo puedo hacérselo saber al que firma con el seudónimo de Sequera?