"Cuando el ser humano pierde el contacto con el pensamiento no merece mucho la pena
SALVADOR ORDÓÑEZ
La UIMP es una de las universidades más importantes y prestigiosas de Europa en materia de cursos, talleres y actividades dentro del periodo estival. Nos reunimos con Salvador Ordónez, rector de la universidad, para conocer algo más sobre la labor que realiza y el secreto que hace de esta universidad referencia académica.
C.L. – ¿Cómo fue su incorporación como rector de la UIMP, se lo había planteado como meta u objetivo?
S.O. - No me lo plantee nunca como objetivo, creo que la vida es un discurrir que te lleva. ¿Dónde vamos a estar dentro de un año? No tengo ni idea. La verdad es que no me plantee ni ir a Alicante siquiera, estuve siete años en Oviedo, luego me fui a estudiar a Madrid, luego me quedé en Madrid -la vida universitaria me gustaba mucho-. Luego me salió una plaza en Alicante que me pareció interesante y que yo podía aportar algo y me fui allí. Y a primeros de enero del año 98 me hicieron vicerrector y más tarde rector en el 2000. En el 2004 me dijeron que si quería ir a Madrid y volví. Y a mediados del 2006 me cesaron. Al poco tiempo, me plantearon venir a esta universidad y acepté el reto. Creo que tengo mucho de funcionario público y me gustan los retos. Nunca tuve un pensamiento concreto. Todo el mundo piensa, sobre todos los que somos académicos, que la UIMP es my interesante por muchas razones. Y una cosa es pensar que algo es interesante y otra que te lo vaya a dar nadie. Yo acepto retos siempre.
C.L. – Falta poco más de un mes para finalizar la temporada ¿Cuál es el balance hasta el momento?
S.O. - Estamos casi en las dos terceras partes del tiempo. Y, hasta el momento, ha ido bien y esperemos que siga así. Creo que estamos hasta incrementando la demanda de los cursos, en el sentido de asistentes. Tenemos una presencia en los medios que considero aceptable y estamos haciendo una labor de actividades culturales que cada año se supera. Los retos son siempre los mismos, intentar mejorar, sobre todo, para llegar a más gente. Y que la sociedad en general nos valore.
C.L. – ¿Tenía usted alguna apuesta o reto personal en la programación de este año?
S.O. - El año pasado como fue el 75 aniversario hicimos un esfuerzo importante, la verdad es que este año debíamos bajar un poco, porque he dicho y lo repito, que la infraestructura que tenemos en Santander está a tope, en todos los sentidos. No sólo en el Palacio de la Magdalena, estamos presentes en el Museo Marítimo, en Valdecilla, en nuestro propio Campus de las Llamas… realmente no estamos presentes en más sitios porque tampoco hay muchos más. Nuestro reto fundamental el año que viene y podríamos decir este año es hacer un esfuerzo por hacer cosas de mucha calidad. Pero hay una serie de actividades de mucha calidad, muy consolidadas que no se entenderían mucho que se dejaran de hacer sólo por buscar una novedad. En este sentido, hay tantas ofertas tan interesantes que se vienen repitiendo a lo largo de estos años, que son altamente esperadas y demandadas, con la asistencia más que asegurada, que no podemos suprimirlos sólo por buscar algo nuevo. Nuestro objetivo es seguir con lo que hay que se puede cambiar y hacerlo de más calidad si cabe.
De todas formas es cierto que había un reto personal importante, conseguir llegar a todos los sitios. Un universitario se plantea que lo que haga en la casa llegue al máximo de personas. Y, en ese sentido, la apuesta por la UIMP2.0, por la red UIMP incluso por nuestra propia gestión interna informatizada es lo que nos ha permitido que algunas actividades celebradas aquí este verano llegasen a 50.000 personas. ¿Cuántos alumnos teníamos? Los presenciales o aquellos millares de personas que sin estar aquí nos siguen. Este año hemos empezado experimentalmente con la TV UIMP, pero yo creo que no vamos a parar aquí. Estoy esperando a que medio mundo esté pendiente de lo que hacemos aquí a través de la TV UIMP.
C.L. – ¿Cómo se realiza la selección de los cursos o talleres que se imparten? ¿En qué parámetros se basan?
S.O. - Nosotros lo que hacemos es antes de últimos de diciembre de cada año cerramos la etapa de propuestas, nos proponen cursos, buscamos cursos y entonces intentamos adaptarlos a un programa que intenta que todas las semanas haya algo que tenga un interés. Realmente es lo que hacemos. Algunas veces pedimos a personas que nos presenten ideas otras veces hay personas que se dirigen a nosotros y nos proponen curos, talleres, etc. Y la verdad es que intentamos, como siempre con la mejor intención, renovar cada año la oferta que se hace y, además, teniendo en cuenta que hay muchas sedes, intentamos que la oferta se extienda al resto de las sedes -que en este momento están a un nivel importante, algunas están en etapa de consolidación y otras están muy consolidadas-.
En nuestra página web se puede ver una oferta de cursos realmente importante. En Santander desarrollamos el 60% de nuestras actividades y el resto fuera de aquí. Y nos estamos extendiendo por toda Iberoamérica, allí todo el mundo demanda nuestro sistema de cursos cortos que es un sistema que parece sencillo pero no lo es. Es más, algunas universidades lo intentan poner a punto y sacar, pero no es como digo tan sencillo. Aquí siempre hay una presencia internacional muy fuerte, pretendemos que los asistentes sean también de carácter internacional. Es un tema que nos preocupa muchísimo e intentamos siempre exigir, forzar e intentar que sea así, creo que es bueno.
C.L. – ¿Cuál cree usted que ha sido el “curso estrella” y/o el que ha tenido mayor asistencia?
S.O. - Los cursos con asistencia los conoce todo el mundo. Ahora mismo falta el de las comunicaciones, pero por ejemplo está teniendo lugar el de las teologías y está funcionando muy bien. El éxito se puede medir de muchas maneras, puede ser éxito mediático, de asistencia. A veces el éxito o lo interesante se da en otro sentido, a largo plazo. Por ejemplo el homenaje a Schrödinger, se celebra el 75 aniversario de Schrödinger, es que hace 75 años esta universidad fue capaz de traer aquí un premio nobel a plantear la mecánica ondulatoria cuántica con una serie de seis conferencias. Eso significa que en ese momento mediáticamente no tuvo demasiado interés pero fue verdad. Yo creo que ese es el estilo de la casa, intentar apostar por cosas nuevas que igual en este momento tiene una acogida mediana y que luego pueden tener una proyección muy fuerte. Siempre recuerdo a Bertil Ohlin, vino aquí en 1934 a dar una conferencia y, años más tarde, fue premio nobel de economía. Realmente es curiosa la intuición que tuvieron. Intentamos tener visión no es cuestión de hacer lo que uno quiere sino lo que uno puede y a mí me gustaría tener esa intuición, sería lo ideal.
Creo que para hacer cosas buenas es importante pensar libremente. Pensar libremente en lo que uno va haciendo e intentar traer en cada momento lo de más calidad, aquello que presenta mayor calidad. La calidad no hay formas fáciles de medirla, pero realmente dentro de eso creo que lo importante es que cada cosa que se hace se haga mejor, y el sumatorio de intentar hacer lo mejor en todo sale bien. No sé si eso es el secreto o no, pero intentamos hacerlo así. Y supongo que mis predecesores también han hecho lo mismo, porque la verdad es que acertaron. No veo nada que se haya hecho aquí, en ningún tiempo, que de pie a decir cómo habrán hecho esto. El pensar académico y pensar libremente en lo mejor para la institución, esa es la cuestión.
C.L. – ¿Ha influido la crisis a la hora de realizar algún curso o en cuanto asistencia se refiere?
S.O. – No, la crisis no, todos los problemas económicos siempre están muy presentes en esta casa. Creo que desde su nacimiento el tema económico ha preocupado. Y la verdad es que esto es una constante. Una preocupación importante y, por supuesto, si está siempre presente en la economía cuando ésta tiene problemas más presente todavía. En estos momentos, incluso, adelantándonos hemos pensado ya hasta “el después” de la crisis. De hecho, hay hasta un ciclo de conferencias sobre qué va a pasar después de la crisis. Porque, evidentemente, las crisis se puede ver en términos de problemas y en términos de posibilidades, de oportunidades, desde ambas perspectivas. Y creo, fiel a estos principios, que siempre estamos pendientes de qué es lo que vamos a hacer, qué va a pasar, intentar adelantarnos un poco, ver que dicen los expertos sobre el futuro. Y, en este sentido, estos días estamos viendo el significado de la web 2.0. En la universidad era un tema estrella esta semana. Un tema que nos preocupa porque evidentemente está vinculado con lo que es el futuro del mundo, de la economía y por supuesto lo que va a pasar después de la crisis.
¿En qué sentido influye en nuestra gestión? Siempre influye y, sobre todo, influye en que somos una universidad en el que cerca del 78% de los recursos provienen de convenios con instituciones públicas, privadas, gobiernos autonómicos, empresas, ayuntamientos, fundaciones, y un largo etc. de gente. Que, lógicamente, en tiempos de crisis, crea algunos problemas. Afortunadamente, este año hemos ido saliendo y creo que no puedo quejarme antes de tiempo. Tenemos que ir con cuidado, los costes son elevados y vivimos mucho de lo que son nuestros convenios con todo tipo de instituciones que sufren en sus carnes, en sus actividades diarias la crisis. Debemos ser más cuidadosos y hemos hecho hasta un plan de ajustes del gasto porque nos parecía que era importante, una cosa de uso, interno pero que se ha hecho.
A nivel de asistencia, no nos afectado e incluso ha sido mayor. No hemos cerrado todavía algunos cursos importantes, pero ha habido semanas que hemos tenido incluso problemas para poder acomodar a la gente a la hora de la cocina, colas muy grandes en la matrícula, etc.
C.L. – ¿Recomendaría usted alguno de los cursos dentro de lo que resta de programación?
S.O. - No me gusta mucho recomendar porque, realmente, no sé si un curso es bueno o malo. Eso se sabe con el tiempo, malo no hay nada todo es de alta calidad, de altísima calidad. El que asista más o menos gente depende de la sensibilidad de las personas que asisten para ir a unos u otros.
Lo que si destacaría y, me parece importante, es que todos los miércoles, excepcionalmente los jueves, suelo hacer una comida con los directores de los cursos donde explican sus cursos, se presentan ellos en fin un intento de que todos los que vengan aquí se conozcan semana tras semana. Y cuando salgo de allí, a parte de salir muy gratificado desde el punto de vista intelectual, porque es un nivel de discusión alto y siempre es internacional, esta semana por ejemplo había dos norteamericanas, una persona colombiana, una española que trabaja en Columbia, un chileno que trabaja en Italia, etc. Eso nos da un plus importante. Y como todo el mundo desde una óptica diferente analiza las cuestiones más complicadas sale una especie de sensación de que estás en algo muy especial y confieso que es muy gratificante y esto es lo que es nuestra casa. No sabría decir que es lo mejor, todo es muy interesante y la interacción de todo espectacular y si eso añades los martes literarios, etc. Todo ello es vivir un poco el espíritu de la Magdalena cuando hace años vivían, un par de meses todos los veranos en la época histórica, personas que eran los mejores intelectuales españoles e incluso una proyección internacional increíble. Veo que estamos recreando eso, yo y todos los rectores que me han precedido. Y creo que eso es lo que es nuestra universidad, y es nuestro objetivo. Y es lo que te hace sentirte muy contento y muy feliz en algo que es un paraíso intelectual.
C.L. – La situación actual de la universidad es algo desoladora, mucha gente estudia una carrera pero una vez que terminan sus estudios no encuentran un puesto de trabajo. ¿Qué opina de esta situación? ¿Qué medidas se pueden tomar para atajar este problema?
S.O. - La universidad tiene dos objetivos fundamentales: crear conocimiento y trasmitir conocimiento. Puede ser trasmitirlo a los estudiantes o transferirlo a las empresas, etc. Un ciudadano por el hecho de tener conocimientos le sirve para integrarse mejor en la sociedad, hay muchos tipos de integración uno es un puesto de trabajo. En tanto en cuanto, digamos nuestras titulaciones le sirven o no a una persona para integrarse en un puesto de trabajo estamos cumpliendo con esa misión de formar personas para que se integren en la sociedad. Y debe ser un problema que debemos tener siempre presente. Hay gente que dice que nosotros con transmitir conocimiento ya está, yo creo que es transmitirlo para una función social, porque el ser humano es social y le gusta, es una parte importante de entender la sociedad formar parte de ella. En tanto en cuanto, la sociedad no es capaz de integrar a los ciudadanos la sociedad no cumple con su misión.
Dicho eso, he de decir que prácticamente todas las encuestas que se hacen apuntan a que todos los que tienen una formación universitaria se integran más que los que no la tienen, pero ese es el hecho diferencial. Igual habría que profundizar más, pero creo que esto se justifica así. Sí es cierto que una persona que se forma no logra los objetivos de integrarse en la sociedad a través de un puesto de trabajo, siente una cierta frustración y, sobre todo, si es en algo que no tiene mucho que ver con la formación que ha tenido. De hecho, ha habido más de un modelo de valoración de universidades, concretamente una británica que se llamaba Oxbridge, Oxford y Cambridge, que valoraba las titulaciones en función de la capacidad que tenían una persona para encontrar nuevo empleo y si la formación que había recibido era útil para ese empleo. Más o menos era esto. Para mí lo importante es tener esto en cuenta, hay ciertos aspectos en la formación de la universidad que se adecuan a lo que los empleadores buscan en los sujetos objetos de empleo. A mi parecer es un tema que hay que pensarlo. Hay quien dice que la universidad es una fábrica de parados, yo creo que no es verdad si acaso la sociedad es una fábrica de parados, pero la universidad no.
Me parece que lo que sería muy importante es que lográsemos dar una formación a los ciudadanos lo suficientemente flexible para que tuviesen delante de sí, porque la vida es muy larga y se pasa de un trabajo a otro, modificando su status en función a ello. Lo importante para mí es que se haga una formación sólida, fuerte. Formar ciudadanos que sean creativos, críticos y emprendedores a los que realmente les demos una cierta seguridad en sí mismo que les permita coger y cambiar de trabajo, hacer diferentes cosas, formarse, reciclarse, incorporarse de nuevo. Creo que, incluso, es una dinámica enriquecedora y sería lo ideal. Nuestra formación en ese sentido es más amplia, flexible, más moderna en el sentido de incorporar las nuevas tecnologías los idiomas y todo esto a la formación de la persona tanto mejor. En definitiva, enseñarles a saber hacer que es lo importante y ya está. La verdad es que es un tema complicado y más en el momento en el que estamos.
C.L. – La gente que no lo consigue se siente frustrada y parece que las generaciones que les siguen se “desmoralizan” ante esta situación. Y la universidad se descarta como opción…
S.O. - Sí, creo que a veces puede existir una frustración en cadena creciente. Mira el esfuerzo que ha hecho fulano y no ha conseguido digamos desarrollar las habilidades que se le suponen y yo voy a coger y… es un tema muy difícil y complicado. Y creo que es algo que se puede extender al resto de la sociedad en general. La verdad es que debe ser tremendo el sentir de una persona formada en cualquier tipo de habilidad o competencia profesional que no encuentra lugar donde desarrollarla. Pero creo que la única solución es desarrollar habilidades o competencias que te permitan ser flexibles. Cuando una persona se especializa mucho en algo si desaparece ese tipo de actividad productiva por las razones que sea, porque la dinámica de la actividad productiva cambia brutalmente, de hecho siempre se sugiere que hay que cambiar de modelo productivo, eso significa que hay personas que pueden, en este caso, sentirse marginadas o separadas de su actividad profesional para la que están preparadas y es un problema grave y un tema complicado.
Un problema que me preocupa muchísimo y cuando ponemos una nueva titulación o se intenta poner una nueva titulación para cubrir un posible nicho de demanda de actividades profesionales, te planteas si esta demanda es coyuntural, una demanda creciente, etc. Y no es fácil. Esto pasa como con las nuevas tecnologías empieza a veces con una demanda muy puntual, crece mucho la demanda, de repente cae pero no cae porque desaparezca la demanda, sino porque aparece una demanda alternativa mayor. No decrece, sino que se sustituye. A mí me parece que estamos en un mundo en el que uno de los grandes riesgos que hay es este. El que todo el mundo va a tener que cambiar a lo largo de su vida de actividad y no hay una línea de tipo univoco. Empiezo haciendo esto a un nivel y luego amplia, y amplia, no es así. Yo empiezo en un nivel y alguna de mis habilidades puede ser reutilizada en otra cosa. Pero es muy raro que nadie tenga un camino que siempre sea lo mismo, con cuotas de responsabilidad mayores y esto era lo usual. Por eso es por lo que, en cierta manera, la enseñanza a lo larga de la vida, la formación a lo largo de la vida, se está poniendo como relevante. Una persona está formada en unas cuestiones, se reconvierte a otras y a otras… este parece ser el modelo al que se tiende porque parece razonable. Y ahí nosotros, como universidad, estamos teniendo un papel importante apostando por las enseñanzas de máster y postgrado por un sistema por el que se puede conseguir parte de esta cuestión. También hay alguna persona que pretende salir del sistema en el que está o pretende promocionarse. Sus habilidades deben reconvertirse, estar atentos a ese tipo de formación puede ser importante. Es un tema más sociológico que da la universidad, que hace lo que puede. Hay una alta preocupación, no obstante es muy difícil porque los profesores no tienen la responsabilidad de todo y esto es casi el todo de la sociedad.
C.L. – Lleva ya tres años cómo rector. ¿Le queda mucho por hacer o ya se han cumplido sus objetivos?
S.O. - Tenemos todavía donde mejorar y, sobre todo, ahora mismo diría que lo importante es ir adquiriendo cuotas más altas, cada vez más calidad. Es algo que no tiene límites y cuanto más se perfeccione un sistema mejor. Estoy satisfecho con lo que el equipo y el personal de la casa ha hecho estos tres años, muy satisfecho. Creo que tengo el mejor equipo del mundo y el personal es extraordinario en trabajo y en cariño a la casa. Y puedo asegurar una cosa, he visto a gente dedicada en mi vida, pero no he visto a gente tan dedicada como esta. Preocupados, cualquier persona y a cualquier nivel de responsabilidad porque todo salga bien. Eso está en todos los sitios y a todos los niveles y es muy importante. Realmente, a mi lado hay un equipo humano increíblemente bueno, que se va haciendo al estilo de la casa y que se nota. Y quedan muchas cosas por hacer. Autosatisfacción poca, hay que conseguir que proyectos que están hechos, en cuanto que están puestos a punto, hay que rodarlos, perfeccionarlos e ir mejorando de año en año para conseguir un mejor servicio en conjunto. Si este año ha habido 5 problemas el año que viene haya 2 problemas y, además, si lo hacemos bien hacerlo muy bien. Y ensayar nuevas cuestiones, innovar es fundamental. E innovar se hace en función de lo que demandan las personas, en función del producto que se ofrece y en función de lo que sería la gestión del producto que se ofrece. Ahí debemos hacer innovación, tenemos experiencia y lo que tenemos que hacer es ir mejorando todos productos, gestión, métodos, todo. Y, sobre todo, ensayando nuevas formas que creo que puede haber.
C.L. – ¿Terminará su vida profesional en este “paraíso intelectual”?
S.O. - Tengo un año más y no sé si luego hay otros cuatro más. Pero no me gusta mucho hacer planes de futuro. A mí me gustaría acabar mi vida profesional, en un sitio que sea gratificantemente intelectual. Soy una persona que me he dedicado a pensar, a trabajar, a investigar y este es un sitio donde uno tiene los temas cubiertos. Puede que algún día tenga una situación personal de salud o vital, pero mientras esté activo me gustaría estar en este tipo de ambiente intelectual, es mi deseo. Creo que cuando el ser humano pierde el contacto con el pensamiento no merece mucho la pena vivir.
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Comentarios(2):
Se puede decir lo mismo pero de otra manera Bonifacio Gracias por entrar.
Una entrevista para enmarcar este decano tiene mucho recorrido