¡Arde Paris! Mariano Cabrero Bárcena es escritor.
¡Arde Paris! Con protestas en un país que siempre está en descontento, y, en principio no sabemos el porqué. Las imágenes que estamos viendo estos días no tienen explicación, al menos por el momento.
¡Arde Paris! Con protestas en un país que siempre está en descontento, y, en principio no sabemos el porqué. Las imágenes que estamos viendo estos días no tienen explicación, al menos por el momento. Y es que las imágenes de estos días con el Ayuntamiento -símbolo potente de la República- de Limoges en llamas y su torre desplomándose como la flecha de ?Notre Dame?, parecen anunciar un salto cualitativo de violencia que, sospecho, las autoridades no vieron venir. Las razones son variadas. Va haber cambio de Gobierno francés, y las consecuencias nadie las adivina.
Existe cierto descontento por parte de los estudiantes y profesores por las condiciones de la enseñanza, pilar fundamental del entramado republicano. Y también podemos anunciar el miedo francés al cambió político. En Francia-lo han comentado siempre su grandes escritores-el Estado antecede a la Nación
Francia es una sociedad eminentemente burguesa y conservadora, en el sentido estricto de la palabra. El francés no suele protestar por adquirir nuevos derechos, sino por preservar los muchos que ya tiene. Y hace bien, pues todos sabemos que el sistema, mal que bien, ha funcionado desde la Segunda Guerra Mundial. Tanto es así que otros países hemos intentado copiarlo, pero no siempre con el mismo éxito. Recuerdo amigos franceses que recibían su despido con una alegría que a mí me desconcertaba. Sabían que tenían por delante hasta dos años de prestaciones, seguros de encontrar otro empleo poco después mejor remunerado. Y es que aquella tranquilidad, que hoy parece de otro tiempo, decía mucho del inquebrantable contrato social francés.
Los vaivenes globales sacaron a Francia de un cierto ensimismamiento letárgico. Europa -y Francia como uno de sus principales referentes- siente hoy que China, Rusia y Norteamérica marchan por un sendero económico mucho mejor programado y más competitivo en el orden mundial. ¡Obras son amores, que no buenas razones! Todos los europeos estamos comprobando que nuestro ?Estado de bienestar? está haciendo agua por los cuatro costados.
La extrema izquierda combate la realidad con consignas, y la extrema derecha se presenta como un bálsamo contra esa angustia existencial, No obstante, Francia es el primero en advertir los peligros que los demás hemos tardado más en confrontar. Pero, ojo, no conviene darla por amortizada. Lleva siglos conviviendo con el endeudamiento, las crisis sociales y las revoluciones, y ahí sigue, con una potente industria estratégica, un Ejército nuclear, una diplomacia de primer orden y una cultura de peso mundial.
Quiero recordar que -De Gaulle- escribió en sus Memorias de guerra que «Francia no puede ser Francia sin grandeza». Esa convicción, que a veces se confunde con arrogancia, sigue presente en un país que marchaba-económicamente hablando- entre los primeros de Europa. Hoy por hoy, Europa ha de despertar de los miedos que la acechan.
La Coruña, 20 de octubre de 2026
Mariano Cabrero Bárcena es escritor.
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