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Opinión 16-11-2019 16:52

Mediocre ignorancia de Isabel Celaá, por Jesús Salamanca Alonso

La desorientación de esta ministra es abrumadora. Remedando a Schopenhauer podríamos decir que “No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”

Isabel Celaá se ha estrellado en el Congreso de Escuelas Católicas. Ha querido acercarse a los pensamientos de la ultraizquierda y ha desbarrado. Su ridículo ha sido mayúsculo. Escuchar a una ministra decir lo que ha dicho es una prueba de que no ha leído la Constitución y mucho menos ha entendido el contenido del artículo 27. Cualquier docente se sentiría avergonzado, como yo me siento. Solo pensar que tenemos una ministra con esa indigencia intelectual y ese afán de subirse al carro de la ultraizquierda radical, sectaria y homófoba, me pone los pelos de punta y la reflexión en órbita. La desorientación de esta ministra es abrumadora. Remedando a Schopenhauer podríamos decir que “No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”. Y éste es el caso de esta señora.

 

La ministra de Educación en funciones se ha quitado la careta. No sé si lo que pretende es acelerar su visto bueno a la entente cordial con la peligrosa ultraizquierda o es que teme que sea una de las “vendidas” por los cargos a Pablo iglesias. Sea como fuere, lo cierto es que --antes de decir barbaridades-- debería ponerse en paz y de acuerdo con Hacienda para solventar las discrepancias en edificios que acumula. Todo ha surgido por la siguiente perla que luego iremos desgranando: "el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa o a elegir centro educativo no son una emanación estricta de la libertad de enseñanza reconocida en el artículo 27 de la Constitución".

 

La demostrada torpeza y la radicalidad de la señora ministra empieza por negar la libertad de la educación de los padres para con los hijos. No es ningún secreto decir que el socialismo niega la libertad siempre que puede; recuerden a Balzac cuando decía que “…el socialismo mató a su madre, la república, y a su hermana la libertad”. ¿Recuerdan? Pues precisamente por eso, en los círculos intelectuales y ateneos se suele decir que “el socialismo es un eterno parricida…” La señora ministra ha mentido. La carroñería a la que nos tienen acostumbrados le ha llevado a decir que el derecho de los padres no emana de la Constitución sino de las circunstancias y “condiciones legales que se determinen”. Y para dar énfasis se acoge a que el Tribunal Constitucional así lo estableció en año 1981, algo sobradamente superado y explicado por otros tribunales.

 

Busco la Constitución aunque, como docente, conozco perfectamente el artículo 27 y he escrito decenas de veces sobre él. Apartado por apartado se van juntando bofetadas dialécticas a las que se hace acreedora esta señora cuya imagen ya es peor que la de Cagancho en Almagro. ¿Es que usted, señora, no ha oído hablar de la libertad de enseñanza? Pues de eso habla el artículo 27. ¿Es que no sabe que los Poderes Públicos garantizan a los padres el derecho para la formación religiosa de sus retoños, en concordancia con sus convicciones? Pues si así piensa es porque no ha leído el apartado 3 de ese mismo artículo de la Constitución o porque no lo ha entendido.

 

No quiero cerrar el artículo sin darle una última bofetada dialéctica. Se la merece en voz alta y con mayúsculas: Debería saber, señora ministra en funciones, que siguiendo los principios constitucionales, cualquier persona física y jurídica tiene plena libertad para crear centros docentes. De ahí que religiosos y laicos se empeñen en esa labor cuando así lo creen oportuno. No vamos a entrar en más razonamientos. Siento pena por tener una ministra tan cutre y tan poco instruida en estos temas. También existe el derecho de libertad de cátedra

¿Lo sabe o también nos lo otorga el Tribunal Constitucional? ¡Váyase, señora ministra, a tomar vientos a la farola y, de paso, airéese esos pensamientos tan en desuso que ha demostrado! A su edad debería dedicarse a la brisca y, a media tarde, sopitas y buen vino.

 

La ministra, Isabel, se ha metido en camisas de once varas que es como meterse en ajenos amoríos y en zarzas. Y ya se sabe –como decía Plutarco-- que “quien en zarzas y en amores se metiere, entrará cuando quiera, mas no saldrá cuando quisiere”. Por eso, los intentos de rectificación que ha pretendido en los medios ‘a posteriori’ no han hecho más que demostrar la ignorancia, la mala fe y peor baba de la que ya hizo gala.

 

 

 

 

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