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Sanidad Cantabria 30-04-2026 10:45

Los nuevos biomarcadores abren la puerta a predecir con precisión las reacciones alérgicas a alimentos, según un estudio

El análisis de la microbiota o el test de basófilos destacan entre los avances clave para un diagnóstico predictivo

MADRID, 30 (EUROPA PRESS)

Una revisión publicada en la revista 'Clinical Reviews in Allergy & Immunology', con apoyo de la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI), ha identificado nuevos biomarcadores que podrían transformar el abordaje clínico de las alergias a los alimentos vegetales y llevarlo hacia un modelo de medicina personalizada y de precisión, mejorando la prevención y el tratamiento de estas alergias.

El trabajo, titulado 'Medicina de precisión en la alergia a alimentos vegetales: una revisión sistemática de biomarcadores bajo un enfoque clínico' se ha realizado también con el apoyo -y dentro del marco investigador- de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica (SEAIC).

La revisión, liderada por la doctora María José Goikoetxea, de la Clínica Universidad de Navarra, y cuyos coautores principales son la doctora Maria Luisa Somoza y el doctor Emilio Núñez Borque, se centra en el papel fundamental de los biomarcadores -señales y sustancias medibles en el organismo- para guiar el diagnóstico, estratificar el riesgo de los pacientes y orientar el tratamiento.

"Esta revisión sistemática era necesaria porque el campo de la alergia a alimentos vegetales ha crecido de forma muy heterogénea, estudiando múltiples biomarcadores en contextos distintos, pero sin una integración clara orientada a la práctica clínica", ha explicado Nuñez, investigador postdoctoral Sara Borrell en el Grupo de Investigación 'Inmunidad Tipo 2 y Enfermedades Alérgicas'.

"Aunque contamos con múltiples pruebas diagnósticas, ninguna ofrece por sí sola un criterio definitivo ni funciona igual en todas las poblaciones. Ordenar las herramientas disponibles, identificar nuevos biomarcadores y detectar lagunas de conocimiento era clave", ha explicado Goikoetxea.

NUEVOS BIOMARCADORES EN ALERGIA

En ese contexto, los biomarcadores relacionados con la microbiota (los microorganismos que conviven de forma simbiótica con el cuerpo humano) están mostrando un papel emergente en la alergia a alimentos, según explica Goikoetxea. El estudio confirma la utilidad de la secuenciación de la microbiota oral u intestinal para detectar la sensibilización (el proceso inicial en el que el sistema inmunológico reconoce una sustancia inofensiva -alérgeno- como una amenaza y produce anticuerpos contra ella), y, además, apunta a que también podría ser útil para medir el umbral a partir del cual una sustancia provoca una reacción, aunque en este último ámbito la evidencia no es tan abundante.

El trabajo destaca también el potencial del test de activación de basófilos (BAT). Los basófilos son un tipo de glóbulos blancos y su recuento puede indicar alteraciones del sistema inmunológico. El estudio apunta a que el BAT no solo puede anticipar si un paciente tolerará un alimento, sino también estimar el umbral exacto de reacción y la gravedad del episodio alérgico.

Para llevar a cabo esta revisión, el equipo analizó 71 estudios clínicos de alta calidad publicados entre 2019 y 2024. Según indica Núñez, la mayoría de los biomarcadores analizados en estos trabajos siguen siendo los "clásicos". Es decir, los que constituyen la base de la práctica clínica actual en alergia, como la inmunoglobulina E específica (IgE específica) o las pruebas cutáneas.

"Sin embargo, hay un 22,5 por ciento de estudios que se centran en nuevos biomarcadores, aún en fase de validación, lo que refleja que el campo está empezando a explorar enfoques más innovadores", explica Núñez.

Entre estos nuevos biomarcadores, el investigador destaca el análisis de las características y cambios que se producen en las células de los pacientes, ya sea mediante la detección de la expresión de proteínas específicas (por ejemplo, marcadores de activación) o la cuantificación de distintas poblaciones celulares (por ejemplo, variaciones en el número de linfocitos). "Aunque todavía no están plenamente incorporados a la clínica, estos enfoques emergentes tienen un alto potencial", señala.

Sin embargo, el estudio también recuerda que la mayoría de estas tecnologías aún se encuentran en fases tempranas de validación. Su incorporación a la práctica clínica rutinaria está limitada por factores logísticos y económicos, incluyendo la necesidad de equipamiento especializado y personal altamente cualificado.

LA INVESTIGACIÓN SE CENTRA EN GRAVEDAD Y TOLERANCIA

Para estructurar esta revisión, los investigadores clasificaron la evidencia en cinco áreas clave: sensibilización, tolerancia, gravedad, umbral clínico y seguimiento terapéutico. El análisis reveló una tendencia clara en la investigación: la mayoría de los estudios se centran en gravedad (25 trabajos) y tolerancia (23), apoyándose principalmente en marcadores clásicos ya bien establecidos. Sin embargo, otras áreas importantes, como el umbral a partir del cual se produce la reacción alérgica o la investigación sobre los mecanismos iniciales de sensibilización están mucho menos desarrolladas.

Esta distribución indica que la investigación responde directamente a las necesidades más inmediatas de la práctica clínica diaria; por ejemplo, determinar si un paciente, especialmente un niño, está en riesgo de sufrir una reacción grave ante una exposición mínima.

En cuanto a los alimentos con más protagonismo en la investigación, el cacahuete es el alérgeno alimentario más estudiado a nivel mundial, seguido por los frutos secos y el trigo. Por el contrario, existe cierta escasez de investigaciones centradas en frutas y semillas.

"Este trabajo, además de aportar un marco claro que organiza los biomarcadores según su utilidad clínica real, pone de manifiesto lagunas importantes, especialmente en aspectos como el umbral clínico o la evolución hacia la tolerancia, que son clave para la toma de decisiones médicas", señala Núñez.

En conjunto, los hallazgos apuntan a un futuro en el que exista una alergología de precisión, capaz de adaptar decisiones clínicas a las características biológicas individuales de cada paciente. No obstante, el reto no es sólo científico, sino también estructural: trasladar estos avances desde el laboratorio hasta la consulta requerirá inversión, estandarización y acceso a las nuevas tecnologías.

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