El ataque de JNIM en Malí vuelve a poner el foco en el Sahel, principal escenario del yihadismo mundial
La filial de Al Qaeda se ha erigido en el actor preponderante en una región en la que también opera Estado Islámico
MADRID, 1 (EUROPA PRESS)
El ataque perpetrado el pasado 25 de abril en Malí por el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), en conjunción con los rebeldes separatistas tuareg del Frente para la Liberación del Azawad (FLA), ha vuelto a poner el foco en el Sahel, región que se ha convertido en los últimos años en el principal foco del yihadismo a nivel mundial y donde las filiales de Al Qaeda y Estado Islámico avanzan en su control territorial.
El grupo que comanda Iyad ag Ghali, creado en 2017 de la unión de varias organizaciones entre ellas Ansar Dine y el Frente para la Liberación de Macina, es el principal actor en una región de fronteras porosas y escasa presencia del Estado en su vasto territorio, donde además las disputas tradicionales entre pastores y agricultores se han convertido también en una herramienta que todos los actores intentan explotar.
Malí, Burkina Faso y Níger, los tres países más castigados por el yihadismo, están gobernados por juntas militares que protagonizaron sendos golpes contra los gobiernos democráticos entre agosto de 2020 y julio de 2023, entre otras cosas porque consideraban que no estaban haciendo lo suficiente contra los terroristas.
Los tres países han seguido un mismo guion, iniciado primero por Malí y que luego han emulado Burkina Faso y Níger, de distanciamiento de quien había sido su aliado tradicional, Francia, antigua metrópoli, y acercamiento a Rusia, convertido en un socio clave para garantizar la seguridad a través del suministro de armamento pero sobre todo mediante el despliegue de mercenarios del Grupo Wagner, ahora reconvertido en Africa Corps y bajo la tutela del Ministerio de Defensa ruso, sobre todo en el caso de Bamako.
FRACASO DE LA RESPUESTA MILITAR
Sin embargo, la respuesta militar con la que las tres juntas han intentado frenar el avance de los yihadistas, que comenzaron su andadura en el norte de Malí en 2012 aprovechando la rebelión lanzada entonces por los tuareg, no ha tenido los resultados esperados y los grupos terroristas han ido extendiendo sus tentáculos hacia el centro y el sur de este país así como hacia la vecina Burkina Faso y también el oeste de Níger, amenazando ahora con seguir hacia los países del golfo de Guinea.
Los abusos cometidos por las fuerzas armadas de los tres países y las fuerzas supletorias que les asisten, así como por parte de los mercenarios rusos, denunciados en varias ocasiones por organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW), han contribuido a alejar a la población local de las autoridades centrales y en muchos casos empujar a los jóvenes en brazos de los yihadistas.
En este contexto, JNIM ha sabido explotar estas condiciones para afianzar sus posiciones. El grupo de Iyad ag Ghali, un antiguo combatiente tuareg, controla vastas zonas del norte, el centro, el sur y el oeste de Malí, está presente en el norte, el oeste y el este de Burkina Faso, y también en el suroeste de Níger, según indica Crisis Group en un reciente informe, en el que destaca que "ha desarrollado una forma de gobernanza que le permite presentarse como alternativa a los Estados".
Así, "ha puesto en marcha una estructura administrativa ligera pero suficiente para ejercer un control social inspirado en su visión de la ley islámica, hacer justicia y recabar impuestos", explica este 'think-tank', que incide en que aunque JNIM ha ido paulatinamente extendiendo su área de influencia, su cúpula no está especialmente cómoda con ampliar los territorios, ya que eso requiere más combatientes y les expone más a la reacción de las fuerzas de seguridad.
SALTO CUALITATIVO
Pero además de extenderse territorialmente, en los últimos tiempos la filial de Al Qaeda en el Sahel también ha dado un salto cualitativo en su forma de actuar, empleando ahora drones armados, y demostrando su capacidad para presionar a la junta militar que comanda Assimi Goita.
Según el último informe del comité de la ONU encargado de hacer seguimiento a las acciones de Al Qaeda y Estado Islámico publicado en febrero, JNIM "amplió sus operaciones más allá de los objetivos militares y pasó a incluir objetivos económicos, en particular atacando explotaciones mineras e instalaciones industriales gestionadas por inversores extranjeros, así como realizando secuestros para obtener rescate y lanzando ataques contra rutas logísticas estratégicas clave".
El comité de la ONU se refería con ello al bloqueo que el grupo terrorista impuso después del pasado verano sobre Bamako, impidiendo la entrada de combustible en la capital con el objetivo de presionar a la junta mediante la asfixia económica. En cuanto a los secuestros, cabe recordar que JNIM liberó el pasado mes de noviembre a dos emiratíes que tenía secuestrados presuntamente previo rescate de 50 millones de dólares.
DEMOSTRACIÓN DE FUERZA
El último ataque, orquestado con el FLA y simultáneo en distintos puntos del país, ha sido una demostración de fuerza y ha puesto de manifiesto la relevancia de la amenaza que plantea JNIM, que consiguió golpear en Kati, la ciudad acuartelamiento próxima a Bamako donde tiene su sede la junta, y matar al ministro de Defensa, Sadio Camara.
Aunque todos los expertos coinciden en señalar que el grupo yihadista no aspira --al menos por ahora-- a gobernar Malí, sí que quiere forzar de alguna manera a que la junta entable algún tipo de negociación que le permita consolidar su posición en las áreas rurales e incluso influir en lo posible en el Gobierno. A la espera de que esto ocurra, JNIM ha anunciado un bloqueo total sobre Bamako que ya estaría aplicando.
Por otra parte, los últimos acontecimientos suponen una importante herramienta de propaganda para la filial de Al Qaeda que además ha aprovechado los asaltos contra las distintas bases del Ejército maliense y el Africa Corps para hacerse con nuevo armamento con el que engrosar su arsenal, lo que mejora su capacidad de golpear en el futuro.
DATOS DEL YIHADISMO EN EL SAHEL
Según el último recuento de la actividad yihadista en África realizado por el African Center for Strategic Studies (ACSS), dependiente del Pentágono, el Sahel concentró el 41% de las 23.968 víctimas mortales contabilizadas en relación con la actividad yihadista en el continente.
Burkina Faso es el país más castigado, con el 50% del total de fallecidos en la región, seguido por Malí, con el 29%, y Níger, con el 17%. Estos datos coinciden con los ofrecidos por el Índice Global de Terrorismo, que sitúa a estos tres países dentro del 'top 10' de los más castigados (Burkina Faso, segundo; Níger, tercero, y Malí, cuarto).
JNIM estuvo relacionada con el 78% de los muertos en la región y con 2.502 de los 3.039 incidentes violentos registrados en 2025, según el citado estudio de ACSS, consultado por Europa Press, mientras que su gran rival, Estado Islámico en el Sahel (ISS) estuvo vinculado con el 19%.
El ISS tiene su principal bastión en el oeste de Níger pero también está presente en el este de Malí. Esta filial ha protagonizado en el último año importantes combates contra JNIM por el control del territorio, especialmente en Burkina Faso pero también en el norte de Malí, según el citado informe del comité de la ONU, y todo apunta a que intentará aprovechar la inestabilidad generada por los últimos ataques.
Así, en los últimos días han circulado informaciones de que los milicianos de ISS capturaron Labbezanga, un puesto clave en la frontera entre Malí y Níger, y también intentaron asaltar Ménaka, si bien el Africa Corps ha informado de que fracasaron en su intento.
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