Noticias de Cantabria
Opinión 15-03-2019 18:30

Bravuconada de Puigdemont, por Jesús Salamanca Alonso

Tan solo la ignorancia de la legislación española y europea  pueden llevar a  Puigdemont a una bravuconada como la que ha dicho.

 

¡Hay que ver qué moral tiene Carles Puigdemont!  Ni el Alcoyano, considerado como prototipo de equipo con moral suprema tuvo nunca tanta.  Eso sí, todo lo que tiene de optimista lo tiene de ignorante en muchas de sus afirmaciones. En una de ellas, concretamente en una entrevista al expresidente de la Generalitat,  se muestra plenamente convencido de que --en caso de salir elegido eurodiputado-- podrá regresar a España amparado en la inmunidad que le otorgará el acta. No hay que ser experto en estos temas  para saber que se equivoca de la A hasta la Z.

Ni inmunidad ni gaitas marineras. Pero Puigdemont sabe que ya no puede seguir haciendo el ridículo porque bastante ha hecho en Europa y, sobre todo, tras la negación de su intervención en el Parlamento europeo, donde –dicho sea de paso—el nacionalismo catalán se está llevando una tremenda somanta de palos dialécticos, tanto por parte de eurodiputados españoles como por parte de otros parlamentarios no españoles. Y además precisa que sus huestes –bastante desanimadas y violentas--  tengan un mínimo de esperanza. De todos es sabido que ni siquiera podrá actuar a modo de “Cid”. Tan solo la ignorancia de la legislación española y europea  pueden llevar a “Puchi” (Puigdemont) a una bravuconada como la que ha dicho.

No hay que ser un lince para saber que, para gozar de inmunidad parlamentaria, es preciso haber sido proclamado diputado por la Junta Electoral Central. Tal proclamación no es posible en el caso del  expresidente catalán porque para ello debe acudir a España, con el consiguiente riesgo de ser detenido y puesto a disposición judicial. La ciudadanía no puede entender que un personaje como éste que nos ocupa pueda encabezar una lista electoral o formar parte de una candidatura estando acusado de delitos varios, corrupción, malversación, incitación al odio, negociación para la compra de armamento a espaldas del Estado (los Jordi saben mucho de esto) y otros delitos como esos de los que se acusa a los golpistas a quienes en estas fechas juzga el TSJ.

Tampoco entiendo que eso mismo puedan hacerlo otros golpistas. Algo se le escapa a la Justicia si no ha sabido poner orden y freno en esa cuestión. ¿Miedo? ¿Desconfianza? ¿Inseguridad? No me cabe la menor duda que, tras lo sucedido con la legislación belga, Puigdemont  toma por inútil a la judicatura española. Y si el expresidente es capaz de sortear la ley, seremos también la ciudadanía quienes empecemos a tener esa misma opinión. Sería algo así como pasarse de castaño oscuro.

En Cataluña hemos podido comprobar que ya empieza a tacharse a “Puchi” de cobarde e hipócrita, incluso entre su propia gente, al igual que se le reconoce un punto de mala fe y manipulación, desde el momento en que Torra baila al son que le tocan desde Waterloo. Para comprobar el error en que incurre Puigdemont, no hay más que leer el apartado de “privilegios e inmunidades” del reglamento de la Eurocámara, donde se dice que  "si uno de sus eurodiputados es acusado de algún delito, no puede alegar la inmunidad". Miren por dónde el  cobarde expresidente, hoy fugado de la justicia española, está  acusado de rebelión, desobediencia y malversación más otros delitos en cuanto se desgrane la trama que subyacía en la Generalidad catalana. Recuerden que “Puchi”, junto a Forcadell, no tuvieron empacho en pedir un muerto independentista para echárselo a la Guardia Civil y a la Policía Nacional.

Desde la Junta Central se lo han tomado en serio y no han tardado en responder que si el expresidente no acude a Madrid a recoger el acta, no la tendrá, además de ser detenido “ipso facto”. Al parecer, y según la información que vengo recabando, los eurodiputados están obligados a jurar la Constitución y no pueden hacerlo por delegación ni tener delitos por los que son perseguidos.  ¡Qué moral tienen “Puchi” y su tropa radical independentista!  “¡Joder, qué tropa!”, que diría Romanones.

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