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Opinión 02-02-2026 19:35

LA ACTUACIÓN DE LOS LAICOS Por Juan Goti Ordeñana Catedrático emérito de la Universidad de Valladolid

No es misión de los obispos dar opiniones de las decisiones que tomen las autoridades del Estado, ya San Pablo, en un principio, advirtió que se respete a las autoridades políticas, sino crear asambleas de cristianos, que tengan un sentido de la política que se lleva en estos momentos y traten de mostrar cual debe ser la acción según criterios cristianos, que al final, aunque es difícil verlo, porque se cree que se ha llegado a un apostasía socia

 

Cuando a la jerarquía eclesiástica encontramos tan callada con materias que afectan gravemente a su doctrina, como el aborto, la eutanasia, destrucción de la familia o el extrañamiento del Valle de los Caídos, ha extrañado algo, que haya salido el presidente de la Conferencia Episcopal en defensa de un decreto que el presidente del Gobierno ha dictado, sobre una emigración general y abierta, con el enorme perjuicio social que va a traer al pueblo español. La razón que tiene Monseñor Arguello, de extender la caridad a todo el mundo, no justifica este decreto por el que se están siguiendo tales males a la sociedad. Porque atender a las necesidades de todo el mundo es una utopía o un ideal irrealizable, como muestra la acción de sus misiones extendidas por todos los continentes, en tanto que los males que se siguen de ese decreto, para toda la sociedad europea, son hechos demostrados, por la experiencia de los últimos años, que ha traído la inmigración desordenada que padecemos. Bien estaría que estos temas se confiasen a la acción cristiana que deben hacer los laicos miembros de la Iglesia, que se les tiene olvidados y arrinconados.

 

Después del año en que Benedicto XVI nos invitó a meditar sobre la fe, debemos hacer un balance de la fe que hoy día la Jerarquía y los mismos fieles tienen en la Iglesia, considerada ésta como Asamblea de cristianos, esto es, la fe que se tiene en los laicos. Pues es una evidencia, observando la Iglesia universal, las diócesis y las parroquias, que se ha destruido el concepto original de Asamblea de los cristianos, como del valor que deben tener estas Asambleas y, en consecuencia, falta fe en la función que pueden desarrollar en la sociedad y, mucho más, en la misma Iglesia. No basta el entusiasmo y el atractivo que tenga el papa actual para una renovación del cristianismo. Tiene que ser una acción de toda la comunidad de cristianos, llenos de fe y convencidos de que el Espíritu Santo está inspirando a esta generación a iniciar la reforma de la Iglesia.

¿Quién cuenta con los laicos al considerar la marcha de Iglesia, y al pensar que participen en la ordenación y en las decisiones de ésta? En toda documentación eclesial se les califica de personas que deben actuar fuera, en la sociedad civil, apartados de toda responsabilidad en la Iglesia. Ésta es la doctrina general, como dice claramente el Decreto «Apostolicam actuositatem» del Concilio Vaticano II, donde se les asigna, como propio de su vocación, hacer un apostolado, pero actuando sólo sobre la sociedad: «y como lo propio del estado seglar es vivir en medio del mundo y los negocios temporales, Dios llama a los seglares a que, con el fervor del espíritu cristiano, ejerzan el apostolado en el mundo a manera de fermento» (AA. 2 in fine). Es decir, que sean una cuña para penetrar el cristianismo en la sociedad, pero no pueden decidir y actuar dentro de la Iglesia. Pero no figuran como miembros de la estructura de la Iglesia, sino como si actuaran por su cuenta. Convendría hacer una reflexión sobre la división de clérigos y laicos.

Con esta perspectiva no se ha avanzado nada en el reconocimiento de que los laicos sean miembros de pleno derecho en la Iglesia, y como tales puedan actuar y decidir en ella. Esta forma de tratar la materia da la impresión que al sacerdote, al haberle comprometido con un acercamiento a la espiritualidad de los religiosos, se le ha alejado del mundo y no tiene fuerza de actuación, porque se le ha colocado a una cierta distancia, y recurren al laico como último recurso. Y si las cosas son así, ¿para qué todo un montaje institucional, si sus miembros significativos no pueden llevar el mensaje cristiano a la sociedad? La Nueva Buena de Jesús es para presentar ante el mundo su enseñanza, pues no consta que Jesús incitara a celebrar ritos litúrgicos, sino a que enseñaran a vivir según su doctrina. Y siendo ésta la misión: ¿Dónde queda el cometido de apostolicidad del clero?

Se ha perdido el sentido y el valor que debe tener la Asamblea de los cristianos, y, por ende, falta fe en sus posibilidades. No obstante, se quiere que los laicos, que no tienen voz ni voto en la Iglesia, actúen con las orientaciones que les llegan de la jerarquía, con lo que están navegando sin rumbo, pues carecen de iniciativas y de decisión propia, y en consecuencia sin entusiasmo. De este modo, la Iglesia católica no puede ser paradigma para la sociedad moderna, a pesar de encerrar en su doctrina los valores esenciales de la ordenación de la sociedad actual, porque no conocen su origen y el espíritu que encierra la doctrina evangélica que llevan dentro.

Una observación de cómo se actúa. Se ha celebrado una Asamblea sobre la juventud, y hasta se les ha oído, pero el voto para la resolución ha sido de los obispos, no de la juventud. Sin negar que la información de la juventud ha tenido mucha importancia, en la Asamblea no han votado más que los miembros significados por una ordenación, no la asamblea de cristianos.

No es misión de los obispos dar opiniones de las decisiones que tomen las autoridades del Estado, ya San Pablo, en un principio, advirtió que se respete a las autoridades políticas, sino crear asambleas de cristianos, que tengan un sentido de la política que se lleva en estos momentos y traten de mostrar cual debe ser la acción según criterios cristianos, que al final, aunque es difícil verlo, porque se cree que se ha llegado a un apostasía social, la realidad es que la población actúa socialmente según las normas que tradicionalmente ha deducido de la doctrina cristiana. Y no es raro que periodistas, que se afirman no creyentes, sus razonamientos los hacen con un sentido cristiano.

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