LA BATALLA POR LA CULTURA Por Juan Goti Ordeñana Catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid
Es momento para que despierte la derecha comprometida y se responsabilice en una lucha cultural para despertar la tradición. Bien porque se conoce, bien por a los límites a que ha llegado una izquierda desnortada, bien porque la superioridad cultural de la derecha basada en su tradición, es necesario que se enfrente a la situación nefasta que ha llegado a crear la política izquierdista de estos tiempos.
Es lógico que aquellos que se sienten damnificados, engañados y expulsados por el rodillo de la izquierda, reaccionen y traten de conservar lo que aman de sus creencias y de su modo de vida. Esa reacción ya se ha despertado en Occidente desde el universo conservador y la derecha nacionalista. Hay que reconocer que los liberales están adormecidos, quizá, en parte, porque sus temas «candentes» de debate se encuentran ya muy lejos, vencidos por un materialismo que les ha conducido al caos.
Han pasado dos siglos y algo más, en los que, olvidando la norma universal del Derecho natural, se ha querido crear una sociedad sobre el capricho de los líderes de los partidos. ¿A dónde nos ha llevado? A un agotamiento de la sociedad, porque se ha olvidado de la persona, ante el abuso del capital que ha condicionado el consumo. Olvidado la naturaleza humana, se han fomentado ideologías que no llevan a la consideración de la persona, salvo para apreciarlo como elemento de consumo. Por ello interesan grandes ciudades donde el gasto sea inmenso, pero sin preocupación que las personas tengan un medio normal de desarrollo: por ello no se promueve la construcción de un hogar para la juventud para que pueda formar una familia; no se impulsa la industria promoviendo trabajo para todos los ciudadanos; se paga el sueldo mínimo para que los grandes capitales, que han invertido, tengan los mayores beneficios; se somete a unas regulaciones, en todos los órdenes, para que la libertad que se afirma, como un bien absoluto, sólo se pueda ejercitar con unas limitaciones que impiden el desarrollo de la persona.
Ante esta situación es conveniente que haya una derecha que reaccione: cuando se ha diluido la idea de la familia tradicional, cuando se ha perdido la idea de lo que es la mujer, por una ideología del feminismo apartado de su sentido humano y de su función en la sociedad, y cuando al hombre se ha degradado considerándole delincuente por el hecho de ser hombre y blanco. Ante esta perversión de la sociedad está surgiendo una concienciación de la persona, que, cada vez más, sienta deseos de llegar a tener un hogar, a sentirse orgulloso de su sexo y que quiera vivir según él, aunque no coincidan con lo que los empuja la modernidad, apoyado por una publicidad que impone la ideología oficial. Reacción que se está produciendo no sólo entre los pensadores, que ven cómo se nos conduce a un desastre social, sino, también, en los ciudadanos normales que caminan por las calles.
Al ver la realidad a la que ha llegado la publicidad izquierdista, nadie debería admitir la presunción de que la izquierda posee una superioridad moral, basada en pertenecer a la ideología de un partido, cuando, sobre todo, estamos viendo los numerosos escándalos, que les está conduciendo a la cárcel. Se nos ha presentado, en una muy hábil publicidad, como garantía de que su moral es superior, pero al observar cómo han actuado en toda su historia, se advierte, que si la sociedad quiere progresar en humanismo tiene que elegir la moral tradicional.
Las ideologías tienen la pretensión del explicar el mundo, comprendiendo en su doctrina todos los aspectos de lo que existe, tanto lo que ha existido, lo que es ahora y lo que va a ser en el futuro, y hay una simple explicación, como ha hecho la tradición, queriendo interpretar la historia con una visión del desarrollo humano. Pero la actuales interpretaciones quieren confundir promoviendo visiones antihumanas como la que surgido en este siglo, el de woke, que mágicamente se ha introducido como superior, con un naturismo que no permite al hombre acomodar el medio a sus necesidades, condiciona la actuación humana a un cambio climático que no se sabe cuándo sucederá, ha creado un feminismo contrario a la sociedad en que vivimos, y a una limitación del nacimiento de niños que van a llevar a la destrucción de la cultura que hemos creado durante tantos siglos. Hoy día empezamos a pensar en el disparate que supone esta nueva moral.
Con esta teoría hemos llegado el final del marxismo, del leninismo que le siguió y del maoísmo que intentó crear un nuevo pueblo chino, que, en verdad, ha sido un continuismo con una doctrina inmodificable, y que parece que ha llegado a su agotamiento. Pero todavía se cita, aunque sea como una vieja rememoración, y que ha dejado unos restos, que son óbice para crear una política humanitaria. De aquel movimiento marxista ya no queda más que un comunismo y un socialismo nominal, porque van marchando por caminos desconocidos. Aunque han perdido el sentido de aquella teoría, han conservado la sensación de superioridad, con unos tintes de arrogancia intelectual, porque se creen en posesión de un sistema para explicar la realidad de este mundo, pero la marcha de la historia les ha demostrado el vacío que contenía toda esa ideología. Pero se han quedado con la creencia de su superioridad moral afirmada a bombo y platillo.
Es hora que se llegue a entender, que es necesario sustituir aquella altisonante crítica, que llevó a un cambio de la política, por una visión real de la sociedad. Pues aquella izquierda profundamente materialista ha venido a parar en un irreal ?wokisno?, y sin sentido para la persona que tiene que vivir en esta sociedad, basada en un humanismo cristiano. En realidad, ha venido a trastrocar la mentalidad que había fraguado una sociedad humanista, por un caos social que la persona no comprende. Es momento para que despierte la derecha comprometida y se responsabilice en una lucha cultural para despertar la tradición. Bien porque se conoce, bien por a los límites a que ha llegado una izquierda desnortada, bien porque la superioridad cultural de la derecha basada en su tradición, es necesario que se enfrente a la situación nefasta que ha llegado a crear la política izquierdista de estos tiempos.
Sé el primero en comentar