Noticias de Cantabria
Nacional 30-08-2025 11:00

El yihadismo avanza en África: los gobiernos no controlan ya un territorio casi dos veces España

El Sahel es el principal foco de la actividad terrorista, con JNIM como el mayor desafío

África se ha convertido en los últimos años en el principal foco de actividad yihadista, con el Sahel como el escenario que más actividad y muertos concentra. El avance de las filiales de Al Qaeda y Estado Islámico en el continente y la debilidad de los gobiernos de estos países ha provocado que el territorio que escapa del control estatal aumente, sin que esto signifique expresamente que esté en manos de los terroristas.

Según las estimaciones del Africa Center for Strategic Studies (ACSS), un 'think-tank' ligado al Pentágono, a finales de 2024 había unos 950.000 kilómetros cuadrados de territorios poblados fuera del control gubernamental en África debido a la actividad de los grupos yihadistas, un territorio equivalente al de Tanzania y que supone casi el doble que la superficie de España. En el caso de Burkina Faso, se estima que la junta militar solo controla el 40% del país.

Aunque en general el control del territorio no es el principal objetivo de los grupos yihadistas que operan en África, algunos de ellos parecen cada vez más dispuestos a presentarse como una alternativa a los gobiernos y asumir en parte el papel que deberían acometer los estados.

Ese es el caso del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), la filial de Al Qaeda en el Sahel y que opera principalmente en Malí y Burkina Faso. Este grupo que encabeza Iyad ag Ghali se ha convertido en el principal actor yihadista en el continente. Según ACSS, de los 10.685 muertos en 2024 vinculados con la actividad terrorista en el Sahel --casi la mitad de las 22.307 muertes en el continente--, el 83% están relacionados con la actividad de JNIM.

JNIM AMENAZA LAS CAPITALES DEL SAHEL

En su último informe, publicado a finales de julio, el comité de la ONU encargado de dar seguimiento a las sanciones contra Al Qaeda y Estado Islámico destaca que JNIM amplió su zona de operaciones en los últimos seis meses y "alcanzó un nuevo nivel de capacidad operacional para llevar a cabo atentados complejos con drones, artefactos explosivos improvisados y un gran número de combatientes contra cuarteles bien defendidos". El grupo está actualmente en capacidad de amenazar las capitales de Malí, Burkina Faso y Níger.

De acuerdo con este documento, consultado por Europa Press, la filial de Al Qaeda está ajustando su estrategia "en favor del atrincheramiento político" y se está consolidando cada vez más "como agente gobernante, con el objetivo de controlar el territorio, establecer una gobernanza rudimentaria y conseguir apoyo local".

Para ello, JNIM ha suscrito acuerdos locales con el fin de garantizar la cooperación y atraer a nuevas comunidades, a menudo bajo coacción. El grupo, que obtiene buena parte de su arsenal de sus ataques contra las fuerzas de seguridad estatales, se aprovecha del malestar de la población con las juntas gobernantes para atraer a nuevos reclutas a sus filas.

Según el informe, elaborado en base a la información que brindan los estados miembro de la ONU, "su principal ambición sigue consistiendo en crear un emirato que pueda poner en tela de juicio la legitimidad de los regímenes militares" que gobiernan actualmente Malí, Burkina Faso y Níger y "obligarlos a ceder autoridad e implantar la 'sharia'".

En este sentido, sus comunicados se han vuelto "más políticos y directos", apelando "a las poblaciones locales". Para ello, JNIM ha centrado sus ataques en las fuerzas de seguridad del Estado y las fuerzas de apoyo y milicias que las sustentan, en especial los Voluntarios para la Defensa de la Patria en Burkina Faso y los mercenarios rusos en Malí, a los que considera sus principales adversarios.

SIRIA COMO MODELO

Además, JNIM sigue de cerca la evolución de la situación en Siria, donde el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham encabezó la ofensiva que depuso el pasado diciembre al régimen de Bashar al Assad y su líder, Ahmed al Shara, es ahora el presidente provisional del país, al considerar que "puede servir de modelo en caso de que el grupo finalmente intente independizarse de Al Qaeda", como hizo en su momento la organización siria.

Su rival en la región, Estado Islámico Sahel (antiguo Estado Islámico en el Gran Sáhara), ha protagonizado un resurgimiento de su actividad, en particular en la frontera entre Níger y Nigeria, donde está tratando de atrincherarse. Más aislado que JNIM y con menor capacidad y medios, el grupo "podría aumentar sus capacidades operacionales", advierte el informe del comité de la ONU.

El interés demostrado en desplazar su actividad hacia el oeste de Nigeria, donde opera a través del grupo conocido como Lakurawa, podría buscar estrechar lazos con otra importante provincia de Estado Islámico, la de África Occidental (ISWA), que opera en el noreste de Nigeria y la cuenca del lago Chad.

ISWA, que cometió a finales de 2024 su primer atentado con drones, "logró algunos avances territoriales en el estado de Borno", principal foco de su actividad, fue el mayor productor de propaganda de todas las filiales de Estado Islámico y vio incrementarse el número de sus milicianos, que pasaron de 8.000 a 12.000, siempre según el citado informe.

AL SHABAAB NO CEDE EN SOMALIA

Fuera del Sahel, Somalia es el segundo mayor escenario de violencia yihadista en el continente. Aquí, el Gobierno lleva ya casi dos décadas combatiendo a otra filial de Al Qaeda, Al Shabaab. En este sentido, el citado informe resalta que el grupo ha incrementado su actividad desde finales de 2024 y en febrero lanzó una gran ofensiva en algunas zonas del país en la que participaron unos 3.000 combatientes.

Los estados miembro estiman que su número de combatientes ha aumentado, con entre 10.000 y 18.000 en la actualidad. Además, el grupo cuenta con "un sólido sistema financiero" y financia sus operaciones principalmente mediante la extorsión y la imposición de impuestos. Según los cálculos de un estado miembro de la ONU, sus ingresos anuales podrían ser muy superiores a la cifra de 100 millones que generalmente se bajara, y superar los 200 millones.

Por lo que se refiere a la filial de Estado Islámico en Somalia, se estima que más de la mitad de sus entre 600 y 800 combatientes no son somalíes sino que proceden de otros países de la región, el norte de África y la península Arábiga, según el informe de la ONU.

El grupo tiene su principal bastión en la región semiautónoma de Puntlandia, donde en las dos últimas semanas ha sido objetivo de una campaña de bombardeos por parte de Estados Unidos en coordinación con el Gobierno somalí y que ha tenido como objetivo los refugios de sus dirigentes, según ha informado el Mando para África del Ejército estadounidense (Africom).

La panoplia de grupos yihadistas que operan en África la completan otras dos filiales de Estado Islámico. En República Democrática del Congo, Estado Islámico en África Central (ISCA) sigue mostándose resiliente pese a las operaciones del Ejército congoleño y, según el informe del comité de la ONU, habría alcanzado un pacto con el grupo rebelde M23, que se hizo con el control de Goma (Kivu Norte), facilitando su "movilidad sin restricciones" en amplias zonas del este del país.

El grupo, que tiene su origen en las Fuerzas Democráticas Aliadas (FDA, una facción armada procedente de Uganda), se hizo en los últimos meses "con piezas de teléfonos para los artefactos explosivos improvisados y ampliaron su red de reclutamiento". Además, se teme que pueda llevar a cabo atentados en Beni y Bunia, en el este de RDC, y también en Uganda, donde se evitó un atentado suicida en junio.

Mientras, en Mozambique, la filial de Estado Islámico sigue activa principalmente en la provincia de Cabo Delgado, donde la energética Total tiene paralizado un importante proyecto de gas natural, y cuenta con entre 300 y 400 combatientes.

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